Nadie presta atención al cielo, hasta que se enamora

lunes, 2 de mayo de 2011

lucha de gigantes

Los pensamientos son como los murciélagos. Si los dejas pasar sin más, no te atacan, pero si se dan cuenta de tu presencia, se asustan, se cabrean y se te agarran al pelo sin intención de soltarte. Estas reflexiones aparecen en un momento de fracaso anímico (yo fracaso anímicamente casi cada media hora). Amanezco contenta esta mañana sin razón aparente. Y entonces, un pensamiento sobrevuela mi cabeza mientras el despertador sigue sonando. Lo apago y bajo la guardia de forma inconsciente. En ese instante, el pensamiento se infiltra en mis ojos todavía dormidos. No he desayunado y ya necesito algo para recuperar mis fuerzas. En esa debilidad momentánea, el pensamiento anida en mi cabeza rápidamente y, cuando me quiero dar cuenta, ha destrozado todas las posibilidades de felicidad que aguardaban entre las sábanas para recibir el día. El ánimo cambia radicalmente, mi biología se transforma cuando me dejo despellejar por los murciélagos en vez de dejarlos pasar. Si lo analizamos, porque apuesto a que lo que te estoy contando no me sucede sólo a mí (no me dejéis sola en esto; en caso de que solamente me suceda a mí, seguidme la corriente), gran parte de esos pensamientos se refieren a situaciones que no están ocurriendo. Es lo que llamo sufrimiento especulativo. El sufrimiento que no nace de la realidad sino de la prevención o la recreación. El sufrimiento preventivo es ese absurdo en el que te adelantas a lo que va a ocurrir y así crees prepararte para la ocasión. ¿A alguien le ha funcionado alguna vez? (insisto, en caso de no estar de acuerdo, seguidme la corriente que hoy estoy muy sensible). Igual te toca terminar una relación y comienzas mentalmente el diálogo con el que está a punto de convertirse en tu ex. Piensas en lo que vas a decirle y en todo lo que él contestará. Te lo imaginas hecho polvo. Y llegas a la cita y él te dice tranquilamente que ha conocido a otra chica y que lo mejor será que lo dejéis, pero de buen rollo, y que además podéis ser amigos (viva la condescendencia). Y ahora digo yo... ¿para qué ha servido esa preparación mental en la que llevas inmersa varias horas? Para angustiarte antes de tiempo por algo que jamás sucede tal como lo habías imaginado. Luego está el sufrimiento inventado, en el que tu mente recrea los dramas de otros tiempos, momentos que te acojonan pero que sólo existen en tu cabeza. Nos quedamos en lo que ya pasó, en lo que no tiene solución, en lo que quedó atrás. ¿Pero por qué lo hacemos? ¿Por qué nos ponemos la zancadilla? ¿Por qué nos perdemos? ¿Por qué dejamos que nuestros cerebros tomen un cambio de sentido equivocado? Intento ahuyentar los pensamientos murciélago para que no se me acerquen, para que no se cuelen en mi mente. Y así día tras día, desde los primeros minutos de la mañana, luchando para que mi estado natural de armonía gane la batalla. ¿Pero hasta cuando? ¿Cuántas veces más tendré que escalar la colina con la pesada carga que supone el sufrimiento inventado? Quien no se sienta como yo algunos días, que tire la primera piedra.



2 comentarios:

  1. "El sufrimiento que no nace de la realidad sino de la prevención o la recreación." Sin palabras, de verdad. Cuánta razón en una sola frase! Y que nunca me había dado por pensar eso! Y es que es justo lo que me pasa a mí, me da más miedo lo que vaya a pasar en el incierto futuro que lo que me está pasando ahora mismo... creo que vendré por tu blog más a menudo. Y en cuanto a los cambios emocionales, me siento igual también, pero es solo una mala racha, conseguiremos salir:) mucha suerte y un abrazo enooorme.

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